Un documental del canal sueco TV4 desvela la vida de Ingvar Kamprad en la ciudad de Älmhult desde que en 2011 abandonó la suiza Lausana
El supermercado de la localidad sueca de Älmhult es como el que puede haber en su barrio. Tamaño medio, bien organizado, un pescadero simpático que en lugar de llamarse Paco se bautizó como Lars, y unos carteles llamativos que te informan de las ofertas del día. Hoy, el salmón, a nueve euros el kilo. Pero en el de esta localidad del sur de Suecia de apenas 9.000 habitantes ocurre algo que seguramente no pasará en su súper de barrio: aquí compra a veces, y en persona, Ingvar Kamprad, el multimillonario fundador de IKEA. Kamprad, que en unos días (el 30 de marzo) cumple 90 años, vivía hasta hace unos años en Lausana (Suiza). Pero en 2011 murió su mujer y poco después regresó a casa, a Småland, sur de Suecia. Muy cerca de allí está Älmhult, donde se mantiene la sede de una empresa que él fundó en 1943.
Al veterano empresario le gusta pasear por los bucólicos bosques que rodean Älmhult y aprovecha para saludar a alguno de los 4.000 trabajadores (casi la mitad del pueblo) que trabaja directa o indirectamente para Ikea. Y, claro, compra en el súper del pueblo. Cuando llega al estante de los lácteos, Kamprad mira con sus ojos cansados la fecha de caducidad de los productos. Y compra los brick de leche y los yogures que están a punto de desperdiciarse. "Le parece intolerable que se tiren los alimentos y las cosas que todavía pueden tener un uso", informa un concienciado trabajador del establecimiento. Cuando llega al estante de los lácteos, Kamprad mira con sus ojos cansados la fecha de caducidad de los productos. Y compra los brick de leche y los yogures que están a punto de caducar. Esta filosofía del fundador es la que lleva transmitiendo a sus empleados todos estos años. Algunos podrán pensar que es tacañería. No lo ven así en el pueblo. “No creo que sea tacañería. Se trata de ser conscientes de los costes. Somos gente generosa, pero no queremos pagar más de lo necesario”, comenta Marcus Engman, 50 años, Director Global de Diseño de Ikea. Ese lado más humano (y ahorrativo) de Kamprad es una de las facetas en las que incide el documental que en breve se estrenará en la televisión sueca y que ha sorprendido a quienes ya han tenido la oportunidad de verlo.
Es la otra cara de este empresario cuya fortuna se estima en 64.000 millones de euros —en 2006 la revista Forbes
lo situó en el cuarto puesto entre los hombres más ricos del mundo— y
que, sin embargo, viste de mercadillo. “No creo que haya una sola prenda
de las que me pongo que no haya sido comprada en un mercadillo de
segunda mano. Eso significa que quiero dar buen ejemplo”, dijo al canal
TV4 de su país. Tampoco es partidario de derrochar en peluquería, sobre
todo desde que, según reveló, una factura de 22 euros por un rapado en
Holanda le trastocó el presupuesto. Desde entonces usa un mapa del mundo
para elegir peluquero. “Normalmente me corto el pelo cuando estoy en un
país en desarrollo. La última vez fue en Vietnam”, explica. No creo que haya una sola prenda de las que me
pongo que no haya sido comprada en un mercadillo de segunda mano. Eso
significa que quiero dar buen ejemplo", dice Kamprad. Hasta hace muy poco, cuando le convencieron de que por su edad debía dejar de conducir, seguía poniéndose al volante de su Volvo 240 de 1993
(robusto y duradero) y en una ocasión le negaron la entrada a una
entrega de premios porque vieron que se bajaba de un autobús. En avión,
prefiere viajar en clase turista. Es de los que se hace sus cuadernos
con folios usados que aún tienen una cara en blanco (¡las selvas del
mundo se lo agradecen!) y ha sido visto llevándose sobrecitos de sal y pimienta de los restaurantes. Actualmente ha dado un paso atrás y son sus hijos (tiene cuatro)
quienes están al frente de la empresa. No obstante, su sello en Ikea
sigue vigente. Los empleados de la compañía de venta de muebles se rigen
por un código de conducta
—lo llaman la “Biblia de Ikea”— que decreta, entre otras cosas, que
“malgastar recursos en un pecado mortal” y “uno de los mayores males de
la humanidad”. Podría decirse que Kamprad y su empresa es uno (el nombre
de la compañía contiene sus iniciales y las de su lugar de nacimiento).
Así que la próxima vez que contemple una asequible estantería Billy o
un plato de albóndigas a tres euros, piense que quizá son algo más que
estrategias de mercadotecnia.
El supermercado de la localidad sueca de Älmhult es como el que puede haber en su barrio. Tamaño medio, bien organizado, un pescadero simpático que en lugar de llamarse Paco se bautizó como Lars, y unos carteles llamativos que te informan de las ofertas del día. Hoy, el salmón, a nueve euros el kilo. Pero en el de esta localidad del sur de Suecia de apenas 9.000 habitantes ocurre algo que seguramente no pasará en su súper de barrio: aquí compra a veces, y en persona, Ingvar Kamprad, el multimillonario fundador de IKEA. Kamprad, que en unos días (el 30 de marzo) cumple 90 años, vivía hasta hace unos años en Lausana (Suiza). Pero en 2011 murió su mujer y poco después regresó a casa, a Småland, sur de Suecia. Muy cerca de allí está Älmhult, donde se mantiene la sede de una empresa que él fundó en 1943.
Al veterano empresario le gusta pasear por los bucólicos bosques que rodean Älmhult y aprovecha para saludar a alguno de los 4.000 trabajadores (casi la mitad del pueblo) que trabaja directa o indirectamente para Ikea. Y, claro, compra en el súper del pueblo. Cuando llega al estante de los lácteos, Kamprad mira con sus ojos cansados la fecha de caducidad de los productos. Y compra los brick de leche y los yogures que están a punto de desperdiciarse. "Le parece intolerable que se tiren los alimentos y las cosas que todavía pueden tener un uso", informa un concienciado trabajador del establecimiento. Cuando llega al estante de los lácteos, Kamprad mira con sus ojos cansados la fecha de caducidad de los productos. Y compra los brick de leche y los yogures que están a punto de caducar. Esta filosofía del fundador es la que lleva transmitiendo a sus empleados todos estos años. Algunos podrán pensar que es tacañería. No lo ven así en el pueblo. “No creo que sea tacañería. Se trata de ser conscientes de los costes. Somos gente generosa, pero no queremos pagar más de lo necesario”, comenta Marcus Engman, 50 años, Director Global de Diseño de Ikea. Ese lado más humano (y ahorrativo) de Kamprad es una de las facetas en las que incide el documental que en breve se estrenará en la televisión sueca y que ha sorprendido a quienes ya han tenido la oportunidad de verlo.
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Ingvar Kamprad cumplirá 90 años en los próximos meses. |
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