Montar un mueble de IKEA va a dejar de ser un suplicio. Al menos así lo espera la multinacional sueca, que ha anunciado la desaparición de su imprescindible e icónica llave Allen.
Los sufridos compradores de los muebles dejarán de perder los estribos y
horas y horas de intentos de montaje entre los diferentes tipos y
tamaños de tornillos, fijaciones, piezas, bisagras… al menos en teoría.
La dictadura de la llave Allen llega a su fin gracias a un nuevo método de IKEA para montar las piezas de madera, el sistema llamado 'wedge dowel' que, además, permitirá reducir en un 80% el tiempo de montaje, según la compañía. Los acabados de las nuevas piezas de los muebles serán dentados, similares a los tornillos, que encajarán entre sí con tan solo un ligero golpe para unir las piezas. La manera de confirmar que la pieza estará bien colocada en su sitio será cuando se escuche un 'clic'. Con el 'wedge dowel' no debería faltar ni tampoco sobrar ni un solo tornillo ni fijación. “Reemplazará muchas de las fijaciones y herramientas que se incluyen
actualmente en los productos IKEA”, informaba la compañía en el 2015 en
un vídeo en el que mostraba el nuevo sistema de fijación en una mesa de
la serie Lisabo: “Para montarla, introduces las patas, las bloqueas en
el tablero, ¡y ya está!”. “Algo tan pequeño como un taco ha transformado el enfoque que damos a los muebles y la forma en que se montan”, comentaba la ingeniera de la compañía Anna Karin Sjögren en las mismas imágenes.
El sistema 'wedge dowel' se puso en funcionamiento en el 2014 en las series Regissör y Stockholm y a partir de ahora se generalizará en las piezas que lo permitan, aunque de momento solo será posible en las de madera.
La filosofía de IKEA en dos frases de INGVAR KAMPRAD fundador de la firma sueca: "No se cometen errores cuando estamos dormidos. El miedo a equivocarnos es la raíz de la burocracia y el enemigo del desarrollo". "El gran diseño viene de grandes mentes y de un presupuesto ajustado".
martes, 28 de marzo de 2017
miércoles, 1 de marzo de 2017
LA FIRMA COTOBLAU DISPARA SUS VENTAN UN 15% TRAS COLOCAR OTROS DOS PRODUCTOS EN IKEA
La firma de Ontinyent del sector textil
Cotoblau continúa creciendo al calor de su alianza con IKEA, el gigante
mundial de la venta de todo tipo de productos dedicados al hogar y al que
provee desde hace años millones de fundas para colchón. Según explica
el empresario Càndid Penalba, Cotoblau cerró 2016 con un crecimiento del
15% y unas ventas de alrededor de 25 millones de euros. También ha
crecido en empleo, y ahora mismo da trabajo de forma directa a 160
personas, lo que supone unos 30 empleados más durante el pasado
ejercicio, según publica el periódico Levante.
IKEA es la clave principal del crecimiento de esta empresa de la Vall d´Albaida, prácticamente la única valenciana entre los proveedores de la multinacional sueca. Durante 2016 amplió su producción para esta firma, incorporando a sus lineales dos nuevos productos.
En tres años Cotoblau ha pasado de tener una sola referencia en IKEA a vender cinco productos. Dos se venden a nivel mundial, y otras tres «solo» en las tiendas del sur de Europa e Inglaterra.
«Con IKEA hemos aumentado la facturación. Estamos consiguiendo otros negocios fuera de IKEA pero el volumen de negocio crece también ahí. Éramos un proveedor no prioritario y hoy somos prioritarios, entre comillas. Somos proveedor único de referencia mundial, pasamos todas sus auditorias. No les fallamos», celebra Penalba, que no tiene miedo a una excesiva dependencia de la multinacional sueca, una relación que de hecho ve como «garantía de futuro».
Sobre esto, señala que probablemente durante este 2017 se incorporará alguna referencia más a las estanterías de IKEA. La empresa Cotoblau va a fabricar rellenos nórdicos en poco tiempo y es posible que la cadena sueca incorpore este producto a su catálogo.
Para ello, la firma de Ontinyent ha realizado una inversión de un millón y medio de euros este pasado año, con el que ha levantado una nueva nave y ha incorporado otras vecinas, además de la inversión en maquinaria. Esta operación le ha permitido prácticamente duplicar la superficie de producción, al pasar de diez mil a 25.000 metros cuadrados.
La buena salud de Cotoblau está permitiendo crecer también a otras pequeñas empresas del clúster textil de las comarcas centrales que participan en otros procesos de la producción. «Hay alguna empresa que un par de años ha duplicado la producción. Hacen acabados de tintes, estampados, laminados. Son procesos previos a la confección. Esta industria ha crecido a nuestro lado», celebra el empresario de la Vall d´Albaida.
IKEA es la clave principal del crecimiento de esta empresa de la Vall d´Albaida, prácticamente la única valenciana entre los proveedores de la multinacional sueca. Durante 2016 amplió su producción para esta firma, incorporando a sus lineales dos nuevos productos.
En tres años Cotoblau ha pasado de tener una sola referencia en IKEA a vender cinco productos. Dos se venden a nivel mundial, y otras tres «solo» en las tiendas del sur de Europa e Inglaterra.
«Con IKEA hemos aumentado la facturación. Estamos consiguiendo otros negocios fuera de IKEA pero el volumen de negocio crece también ahí. Éramos un proveedor no prioritario y hoy somos prioritarios, entre comillas. Somos proveedor único de referencia mundial, pasamos todas sus auditorias. No les fallamos», celebra Penalba, que no tiene miedo a una excesiva dependencia de la multinacional sueca, una relación que de hecho ve como «garantía de futuro».
Sobre esto, señala que probablemente durante este 2017 se incorporará alguna referencia más a las estanterías de IKEA. La empresa Cotoblau va a fabricar rellenos nórdicos en poco tiempo y es posible que la cadena sueca incorpore este producto a su catálogo.
Para ello, la firma de Ontinyent ha realizado una inversión de un millón y medio de euros este pasado año, con el que ha levantado una nueva nave y ha incorporado otras vecinas, además de la inversión en maquinaria. Esta operación le ha permitido prácticamente duplicar la superficie de producción, al pasar de diez mil a 25.000 metros cuadrados.
La buena salud de Cotoblau está permitiendo crecer también a otras pequeñas empresas del clúster textil de las comarcas centrales que participan en otros procesos de la producción. «Hay alguna empresa que un par de años ha duplicado la producción. Hacen acabados de tintes, estampados, laminados. Son procesos previos a la confección. Esta industria ha crecido a nuestro lado», celebra el empresario de la Vall d´Albaida.
miércoles, 21 de diciembre de 2016
IKEA ABRIRÁ EN 2017 UNA TIENDA EN EL CENTRO DE VALENCIA DE 500 METROS CUADRADOS
Alfafar facturó 112 millones de euros, un 5% más que el año anterior
IKEA dará continuidad a su proyecto de tiendas 'pop up' en el centro de las ciudades, con establecimientos de carácter permanente, tras las experiencias de centros temporales en Madrid y Barcelona -de 10 días el pasado mes de octubre-. La compañía espera que la tienda de Valencia, que contará con entre 400 y 500 metros cuadrados en el centro comercial de la ciudad, esté operativa en 2017. La zona elegida es la calle Colón, algo complicado por la escasez de locales y la primacía de Inditex del empresario Amancio Ortega. Además, completará su red en la región con dos centros de recogida de producto en Castellón y Alicante, similares al que ya funciona en Pamplona. La tienda en el centro de Valencia podrá cerrar ventas, aunque su objetivo principal es el de promoción de la oferta y asesoramiento a los potenciales clientes. De hecho, IKEA prevé poner en marcha una línea de autobús que enlazará el centro de la ciudad con su macrotienda de Alfafar, que será de uso gratuito para los titulares de su tarjeta de fidelización. Esta tarjeta se podrá tramitar en el propio autobús. El proyecto está en trámites para obtener la autorización de la Conselleria de Vivienda, Obras Públicas y Vertebración del Territorio. La directora de la tienda de Valencia, Carmen Spínola, informó ayer de que este centro logró en su último ejercicio fiscal -de julio de 2015 a julio de 2016- un volumen de facturación de 112 millones de euros, un 5 por ciento más que en el ejercicio anterior. Este centro fue pionero en la puesta en marcha de la venta online en España, que aporta ya el 3 por ciento de su negocio total. Spínola subrayó, además, que el 80 por ciento de la plantilla de Alfafar tiene contrato fijo. La empresa alcanzó unas ventas de 1.384 millones de euros en España en su último ejercicio fiscal, lo que supone un aumento del 8 por ciento, y mantiene su apuesta por reforzar su red en el mercado español, donde cuenta ya con 16 grandes centros y desarrolla una estrategia de expansión multicanal.
IKEA dará continuidad a su proyecto de tiendas 'pop up' en el centro de las ciudades, con establecimientos de carácter permanente, tras las experiencias de centros temporales en Madrid y Barcelona -de 10 días el pasado mes de octubre-. La compañía espera que la tienda de Valencia, que contará con entre 400 y 500 metros cuadrados en el centro comercial de la ciudad, esté operativa en 2017. La zona elegida es la calle Colón, algo complicado por la escasez de locales y la primacía de Inditex del empresario Amancio Ortega. Además, completará su red en la región con dos centros de recogida de producto en Castellón y Alicante, similares al que ya funciona en Pamplona. La tienda en el centro de Valencia podrá cerrar ventas, aunque su objetivo principal es el de promoción de la oferta y asesoramiento a los potenciales clientes. De hecho, IKEA prevé poner en marcha una línea de autobús que enlazará el centro de la ciudad con su macrotienda de Alfafar, que será de uso gratuito para los titulares de su tarjeta de fidelización. Esta tarjeta se podrá tramitar en el propio autobús. El proyecto está en trámites para obtener la autorización de la Conselleria de Vivienda, Obras Públicas y Vertebración del Territorio. La directora de la tienda de Valencia, Carmen Spínola, informó ayer de que este centro logró en su último ejercicio fiscal -de julio de 2015 a julio de 2016- un volumen de facturación de 112 millones de euros, un 5 por ciento más que en el ejercicio anterior. Este centro fue pionero en la puesta en marcha de la venta online en España, que aporta ya el 3 por ciento de su negocio total. Spínola subrayó, además, que el 80 por ciento de la plantilla de Alfafar tiene contrato fijo. La empresa alcanzó unas ventas de 1.384 millones de euros en España en su último ejercicio fiscal, lo que supone un aumento del 8 por ciento, y mantiene su apuesta por reforzar su red en el mercado español, donde cuenta ya con 16 grandes centros y desarrolla una estrategia de expansión multicanal.
jueves, 1 de diciembre de 2016
IKEA LANZA EN MADRID 'SALVEMOS LOS MUEBLES' PARA LA COMPRA-VENTA DE PRODUCTOS USADOS
IKEA lanzará el 12 de diciembre el proyecto Salvemos los muebles para la compra y venta de muebles usados en los tres centros de la Comunidad de Madrid. El grupo probará una
iniciativa con la que se espera dar nuevos usos a unos 600 muebles en
ocho meses y que ampliarán al resto de España durante 2017. "Queremos
pasar de una economía lineal a una circular en la que los productos
tengan una vida más larga", ha asegurado este jueves Mercedes Gutiérrez,
responsable de sostenibilidad de IKEA Ibérica, durante la presentación
del proyecto.
Los interesados, a partir del 12 de diciembre, tendrán que rellenar una solicitud para detallar el producto de IKEA que van a entregar. No serán válidos los que estén rotos o personalizados. El grupo pagará a los clientes con una tarjeta regalo para gastar en IKEA por el importe en el que se valore la mercancía. Además, Gutiérrez ha explicado que los muebles se venderán al mismo precio que se pague a los clientes: "Es una prueba piloto y lo que queremos es saber cómo funciona, no ganar dinero".
La tasación de los muebles se realizará uno a uno. "Será de forma artesanal y el precio variará en función del estado de la mercancía. Si el cliente acepta la oferta, lo deberá llevar hasta una de las tiendas de la multinacional sueca en Madrid. En principio, los productos que se podrán revender son cajoneras, mesas, sillas, vitrinas, escritorios, estanterías, armarios y cómodas.
Los responsables de IKEA Ibérica han señalado que la sostenibilidad es uno de los pilares de la compañía. Un nuevo modelo que da respuesta a las tendencias actuales de los consumidores sobre la reparación de productos y los mercados que proliferan de segunda mano. Según un estudio de IKEA, el 9,5% de las personas ya vende los muebles que no usa.
En España cada hogar guarda de media 2.000 euros en productos que no usa y el 4% de los residuos que acaban en el vertedero son muebles, de los que solo se recicla el 10%, según la Federación Europea de Fabricantes de Muebles.
IKEA ha comenzado este jueves también con el uso de máquinas de recogida de bombillas usadas. El grupo bonificará a los clientes que lleven sus productos usados con un descuento para la próxima compra de bombillas LED o con la donación del importe a proyectos solidarios. El grupo, que espera vender en todo el mundo 500 millones de LED hasta 2020, estima una recogida un 10% superior de bombillas usadas para su reciclaje.
Asimismo, la multinacional sueca facilitará a sus clientes la donación de textiles de hogar en sus tiendas y espera que la recogida sea de unos 25.000 kilos. La Fundación Amiga, entidad promovida po Cáritas diocesana de Barcelona, será la encargada de separar y clasificar cada pieza para darle el destino más adecuado.
Los interesados, a partir del 12 de diciembre, tendrán que rellenar una solicitud para detallar el producto de IKEA que van a entregar. No serán válidos los que estén rotos o personalizados. El grupo pagará a los clientes con una tarjeta regalo para gastar en IKEA por el importe en el que se valore la mercancía. Además, Gutiérrez ha explicado que los muebles se venderán al mismo precio que se pague a los clientes: "Es una prueba piloto y lo que queremos es saber cómo funciona, no ganar dinero".
La tasación de los muebles se realizará uno a uno. "Será de forma artesanal y el precio variará en función del estado de la mercancía. Si el cliente acepta la oferta, lo deberá llevar hasta una de las tiendas de la multinacional sueca en Madrid. En principio, los productos que se podrán revender son cajoneras, mesas, sillas, vitrinas, escritorios, estanterías, armarios y cómodas.
Los responsables de IKEA Ibérica han señalado que la sostenibilidad es uno de los pilares de la compañía. Un nuevo modelo que da respuesta a las tendencias actuales de los consumidores sobre la reparación de productos y los mercados que proliferan de segunda mano. Según un estudio de IKEA, el 9,5% de las personas ya vende los muebles que no usa.
En España cada hogar guarda de media 2.000 euros en productos que no usa y el 4% de los residuos que acaban en el vertedero son muebles, de los que solo se recicla el 10%, según la Federación Europea de Fabricantes de Muebles.
IKEA ha comenzado este jueves también con el uso de máquinas de recogida de bombillas usadas. El grupo bonificará a los clientes que lleven sus productos usados con un descuento para la próxima compra de bombillas LED o con la donación del importe a proyectos solidarios. El grupo, que espera vender en todo el mundo 500 millones de LED hasta 2020, estima una recogida un 10% superior de bombillas usadas para su reciclaje.
Asimismo, la multinacional sueca facilitará a sus clientes la donación de textiles de hogar en sus tiendas y espera que la recogida sea de unos 25.000 kilos. La Fundación Amiga, entidad promovida po Cáritas diocesana de Barcelona, será la encargada de separar y clasificar cada pieza para darle el destino más adecuado.
martes, 4 de octubre de 2016
¿ES TAN HORRIBLE COMER EN IKEA?
Òscar Broc, colaborador de la sección EL COMIDISTA del diario EL PAÍS, ha escrito un interesante artículo sobre la comida que se elabora en los fogones de las cocinas que IKEA tiene en España. Para Òscar Broc el mejor plato que degustó durante su experiencia gastronómica fue el CODILLO, receta inventada por el jefe de cocina del restaurante ubicado en Arroyo de la Encomienda (Valladolid). El plato ha sido un éxito desde que fue incluído en la carta y es una de las recetas más vendidas en los restaurantes de la compañía. La multinacional sueca decidió que el CODILLO se incluyera en las cartas de otros restaurantes de la cadena como, por ejemplo, los de Alemania. Lo peor, en opinión de Òscar Broc, los perritos calientes a medio euro y la tarta de chocolate. Aquí tenéis el reportaje publicado en la página web del diario.
"La misión es clara: comer en Ikea y decidir si la pesadilla
es tan cruenta como nos la cuentan. El abanico de posibilidades es
amplio: un menú infantil a base de macarrones con salsa de ¿tomate?,
rollitos de salmón, bandejas con más salmón tieso como Walt Disney,
aperitivos de gambas, ensalada de pollo con cosas… ¡hay hasta albóndigas
vegetarianas! No obstante, vengo a probar los clásicos de la casa, los
oldies que siempre pide la pista de baile. Todos sabemos que Ikea no es precisamente célebre por la
exquisitez de sus ofrecimientos culinarios. Pero desde 2013, año en que
se aireó la detección de bacterias fecales en sus pasteles de chocolate y
ADN equino en sus albóndigas, la multinacional sueca ha alimentado las
pesadillas del planeta gastronomista con más dedicación que Freddy
Krueger. Los precios ultracompetitivos de algunos de sus productos
tampoco han contribuido precisamente a generar confianza. ¿Quién en su
sano juicio se zamparía un hot-dog que cuesta menos que un paquete de
chicles?
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| La comida más barata que se puede comer en IKEA es el hot dog. |
Pues yo. Y seguramente muchos lectores. La pregunta pierde
su aplastante lógica cuando accedes a la dimensión paralela de la
tienda. Dentro de IKEA tu dignidad de comensal se volatiliza, eres capaz
de digerir cosas que jamás se te ocurriría probar fuera de sus paredes.
Sus celebérrimos perritos calientes, por ejemplo, te llamarán como
cantos de sirena. O te atas a una Benno como Ulises al mástil, o
acabarás comprando un hot-dog de la casa a 1 € sin saber cómo has
llegado al mostrador. Un pestañeo más y tendrás en la mano un bollito
reseco, incapaz de contener una salchicha flácida, tibia, atiborrada de
copos de cebolla frita que parecen caspa y coronada por dos lonchas de
pepinillo revenido.
Inundo al pequeño bastardo con un chorro industrial de
mostaza y lo engullo sin preguntarme por los decenios que lleva esa
salchicha en remojo, por los potenciadores de sabor o por las paladas de
sal y grasa de este prodigio de la comida procesada. Sencillamente,
disfruto con un pecado culpable. En plena fiebre por la comida
hipersaludable, engullir este petardo de colesterol es un acto de
subversión que sienta hasta bien. Bueno, quizás “sentar bien” no es la
expresión más adecuada...
Subimos al restaurante, basta de juegos. He arrastrado a un
compañero de trabajo conmigo: necesito músculo para el codillo. La
planta es un avispero. Aunque la decoración intenta evocar un ambiente
colorista y familiar, el aura de comedor soviético es intimidante: si
los cocineros lanzaran el puré a las bandejas desde el otro lado del
mostrador con una botella de Stoli en la mano, no me sorprendería.
Llevamos 25 minutos de cola. Parejas al borde de la ruptura,
resoplidos, codazos intercostales, carros extraviados, niños gritando...
Estamos dispuestos a soportar el vía crucis, porque al final del
calvario nos espera la recompensa. Se llaman Köttbullar y son unas
albóndigas suecas que la camarera cuenta minuciosamente, mientras un
afluente de sudor por el que podría surfear un hámster le recorre la
pechera. 15 bolas de ¿carne? directas al plato. Un Everest de puré de
patata recalentado que quizás fue cremoso en otra era. Mermelada de
arándanos que dejarás intacta en el plato, y lo sabes. Y, para rematar,
un lago marrón de salsa de carne en el que se ahogan todas mis
esperanzas de esquivar el cólico…
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| Las albondigas son el plato estrella de IKEA. |
Si buscas sutileza a 6 euros el plato, te has equivocado de
chef. Estas albóndigas pertenecen a una galaxia a años luz del planeta
Esponjosidad: son pelotitas masticables de chicha que saben a pienso de
cafetería de cadena de televisión. Necesito asfixiarlas en puré y salsa
para que me recorran el gaznate sin causar estragos. A la quinta
albóndiga, algo se rebela en mi organismo. Se está formando una masa de
alta densidad en mi estómago. Decido que es hora de pasar al otro plato
estrella de IKEA, no sin cierto nerviosismo: hay muchas ilusiones
puestas en el salmón con salsa holandesa.
Ilusiones que se truncan en cuanto intento masticar al
aderezo de verduras que lleva el pescado, una masa gomosa de vegetales
que parece relleno de almohada y me obliga a abalanzarme sobre la
inundación de salsa holandesa que hay al otro lado del plato en busca de
sabor.
Dice Anthony Bourdain que a las bacterias les pirra la
salsa la holandesa, pero ni siquiera sus advertencias impiden que
sumerja en el charco amarillento un pedazo de salmón tibio (o mejor
dicho, casi frío) que, sinceramente, sabe a colchoneta y esta demasiado
cocinado. Consigo devorar la mitad del pescado y opto por parar antes de
que mis lacrimales empiecen escupir salsa holandesa como mangueras
fuera de control. Todo para llegar a este momento.
El codillo asado de la casa es la razón por la que he
engañado a un pobre diablo para que me acompañe a Ikea a comer. Este
plato es a IKEA lo que el Big Mac a McDonald’s. Un cartel indica que nos
enfrentamos la pieza más vendida del restaurante y lo certifico in situ:
una de cada tres bandejas carga con un trozo de gorrino palpitante. Por
siete euros te encasquetan un rollizo brazuelo que descansa sobre un
manto de patatas fritas. La visión inquieta: ese pedazo de carne es para
los auténticos héroes, y algo me dice que voy a quedarme tocando la
última canción mientras este Titanic se hunde.
![]() |
| El codillo se vendió por primera vez en la tienda de Valladolid. |
Pero…¿qué ironía es esta? ¿Síndrome de Estocolmo en un
restaurante sueco? Por alguna razón estoy disfrutando con esta carne
macilenta, morada, revestida de una segunda piel de pringue aceitoso que
reflejaría la osa mayor en campo abierto. Parece que la han asado bien,
el material está tierno, que ya es mucho. 7 euros el plato. Bien.
Mientras hundo los caninos hasta tocar hueso, observo las
bandejas que la gente va dejando al irse y en todas ellas parece que el
codillo ha pasado por una bañera de pirañas famélicas: solo se aprecian
huesos prístinos, sin rastros de carne; los comensales, abatidos por una
jornada salvaje de compra de muebles que después tendrán que montar,
pulen ese codo porcino como si fuera un trabajo de ebanistería.
Observo la carnicería, participo de ella. Detritos cárnicos
se aferran a mi barba, y mi nariz gotea grasa. Estoy en semitrance:
tengo visiones de elfos oscuros, vikingos bailando desnudos y cubiertos
de sangre en los fiordos. Una empleada me comenta que hay gente que solo
va a Ikea a comer ese codillo.
Toca poner fin al ritual y me cierno sobre uno de los ítems
más temidos de la casa: un pastel de chocolate que tendrá que soportar
chistes escatológicos sobre bacterias fecales durante centurias. No
obstante, a este pastel hay que temerlo por otra razón: las toneladas de
azúcar que lleva. Es un dulce correoso, denso, con caramelo, almendras y
un crujiente en la superficie que te machaca la quijada. Mis muelas se
estremecen ante el aluvión de sacarosa. Además, este triángulo
hipercalórico viene acompañado de un digestivo infalible a modo de
extra: un bombón de chocolate.
Los vapores de cocina industrial y el sabor de la comida me
retrotraen a mis días de media pensión en la escuela. La comida de IKEA
es lo más parecido a la manduca de los colegios (o al recuerdo que yo
guardo de ella). Vivo la experiencia con una mezcolanza de pavor y
nostalgia: por momentos, siento la presencia amenazante de la señu,
pillándome mientras deslizo un par de albóndigas en el bolsillo del
uniforme escolar.
Dicen que es comida de guerrilla a precios de crisis, pero
un plato de codillo, un refresco y un pastel rondan los 10 euros, y
podría enumerar montones de restaurantes con menús mediodía a 12 euros
infinitamente mejores y más variados. Son los misterios de IKEA; todos
nos estremecemos con las historias de miedo que nos cuentan de su
restaurante, pero todos dejamos el hueso de su codillo como si le
hubiera pasado una pulidora industrial. Salgo del recinto, miro hacia
delante cuando paso por el mostrador de los hot-dogs, pero no puedo
evitar salir a la calle con una bolsa de cebolla frita y unos bizcochos
de chocolate. Ni siquiera sé cómo han terminado en mis manos. No me lo
pregunto. No miro atrás. Simplemente huyo.
jueves, 15 de septiembre de 2016
IKEA ENSAYA EN LA TIENDA DE VALENCIA LA VENTA "ON LINE" PARA PLANTAR CARA A AMAZON
La multinacional sueca IKEA ha lanzado
este mes de septiembre su nuevo modelo de venta on line con el que
quiere comenzar a ocupar cuota en un mercado digital en que los gigantes
del comercio electrónico como Amazon o las grandes cadenas de
distribución ya llevan tiempo posicionándose. De hecho, la propia IKEA
ya se ha sumado a la venta on line en países como Suecia, Reino Unido,
Alemania, Canadá o Estados Unidos. En España ha comenzado a ensayar el
sistema en Alfafar (Valencia), tal como adelantó el diario Levante emv antes del
verano en una entrevista con Carmen Spinola, directora de la tienda.
Según explican, en estas dos primeras semanas unas 150 personas ya han hecho uso del servicio, tanto en la versión de compra por internet en la que el usuario recoge su pedido sin colas (con un coste de 16 euros), como en la modalidad en que IKEA envía a domicilio toda la compra (55 euros, aunque el precio crece dependiendo de la distancia y tamaño del pedido).
De esas 150 compras, el 74% corresponden a clientes de Valencia; el 12% a Castelló y un 11% a Alicante. De hecho, una de las ideas que destacan desde la compañía es que la aparición del nuevo canal de venta pone a IKEA en el foco de nuevos mercados que hasta ahora no consideraban la compra, por la lejanía.
Junto a Valencia, la tienda de Barakaldo está incorporando este nuevo canal de venta, aunque la previsión de la compañía es extenderlo a toda la red a partir de los próximos meses. El sistema busca situar a Ikea en un negocio digital imparable en España, que crece a ritmos superiores al 20% trimestral desde hace varios años. Según datos de Competencia (CNMC), el volumen anual de negocio supera los 5.300 millones el pasado 2015, cifra récord que continúa creciendo.
Según explican, en estas dos primeras semanas unas 150 personas ya han hecho uso del servicio, tanto en la versión de compra por internet en la que el usuario recoge su pedido sin colas (con un coste de 16 euros), como en la modalidad en que IKEA envía a domicilio toda la compra (55 euros, aunque el precio crece dependiendo de la distancia y tamaño del pedido).
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| Carmen Spinola |
De esas 150 compras, el 74% corresponden a clientes de Valencia; el 12% a Castelló y un 11% a Alicante. De hecho, una de las ideas que destacan desde la compañía es que la aparición del nuevo canal de venta pone a IKEA en el foco de nuevos mercados que hasta ahora no consideraban la compra, por la lejanía.
Junto a Valencia, la tienda de Barakaldo está incorporando este nuevo canal de venta, aunque la previsión de la compañía es extenderlo a toda la red a partir de los próximos meses. El sistema busca situar a Ikea en un negocio digital imparable en España, que crece a ritmos superiores al 20% trimestral desde hace varios años. Según datos de Competencia (CNMC), el volumen anual de negocio supera los 5.300 millones el pasado 2015, cifra récord que continúa creciendo.
lunes, 5 de septiembre de 2016
IKEA ABRE EN LONDRES UN RESTAURANTE GRATIS A 20 COMENSALES PARA QUIEN COCINE SU MENÚ
La mulinacional del mueble IKEA cambia el concepto "sírvase usted mismo", que
impera en los buffets, por su tradicional "hágalo usted mismo" en este
establecimiento pop-up que abrirá sus puertas el próximo 10 de
septiembre.
IKEA traslada su filosofía 'hágalo usted mismo' al mundo de la hostelería con 'The Dining Club' un restaurante pop-up en el que los clientes serán los encargados de cocinar y servir su propia comida, cena o brunch y la de, como máximo, los 20 familiares y amigos que le acompañen en esta aventura culinaria que propone la cadena sueca.El próximo 10 de septiembre, y durante sólo 15 días, Ikea abrirá las puertas de este establecimiento en Londres para que los 'cocinillas' de la casa tengan la oportunidad de "impresionar a sus amigos en un restaurante donde tendrán a su disposición sus propios ayudantes y camareros y contarán con la supervisión y el consejo de un cocinero profesional".
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| The Dining Club en Shoreditch (Londres). |
Además del gran atractivo que ya conlleva esta experiencia para los chefs en potencia, 'The Dining Club' cuenta con un extra: toda la comida y la bebida serán gratuitas para los afortunados que logren reservar mesa (y, en este caso, cocina) a través de la web que ha habilitado la compañía, ya que las plazas, dado lo efímero de este restaurante, son muy limitadas.
El objetivo, según ha explicado la propia firma, no es que los comensales experimenten por unas horas las sensaciones que viven a diario los cocineros profesionales o los concursantes de algunos realities enfocados en el mundo de la gastronomía, sino "disfrutar de la alegría de cocinar juntos", una costumbre a la que dedicamos cada vez menos tiempo en nuestro ajetreado día a día.
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